Un viaje al interior

Recibí un mensajito de Lu en mi cuarto día de haber comenzado el Camino de Santiago. Yo había llegado a O Pedrouzo, después de haber caminado 19 km y ella seguía mi aventura por las stories en Instagram. Como tenía algunas consultas, le pasé mi celu para resolverlas y entre varios mensajes me contó que también es de Córdoba y que emprendería un viaje al interior por el mismo trayecto que yo, solo que en noviembre.

Muy pronto y sin habernos conocido nunca personalmente, nos hicimos grandes compañeras unidas por el mismo Camino. Hoy nos comparte con sus palabras esta hermosa experiencia, que debo confesar me puso la piel de gallina y me hizo revivir la magia del Camino y uno de mis mayores sueños cumplidos.

Un viaje al interior, por Lu Babini

Mi sueño por hacer el camino de Santiago comienza con una película, “The Way”, hace algunos años. ¿Qué me llamó la atención de la historia de la película? Un grupo de personas totalmente desconocidas entre sí, que se encuentran en un mismo camino, de increíbles paisajes, cada una con un propósito totalmente distinto.

Y con el paso de los años, el destino me puso a prueba, y tomé la decisión de ir sola tras este sueño. ¿Tuve miedo? Sí, muchísimo, pero… ¡Valió tanto la pena! Creo que ésta decisión lo hizo mucho más especial, ya que fue una oportunidad para encontrarme en lo desconocido, lejos de casa, y crecer en lo personal.

Uno puede prepararse muy bien antes de empezar el camino recibiendo todas las recomendaciones técnicas y los consejos de cómo afrontarlo, es decir, todo lo que tiene que ver con el “exterior”. Pero la manera de vivirlo, el viaje hacia el “interior”, es algo para lo que nunca vamos a poder prepararnos. Es una experiencia única, que no tiene nada que ver con cualquier otro viaje que hayas hecho.

Este camino, como cualquier camino que tomemos en la vida, es personal. Todos los peregrinos transitamos por los mismos senderos, admiramos los mismos paisajes, recibimos la misma agua de las diversas lluvias en el rostro, así también como los días soleados. Todos nos cruzamos con otros peregrinos y todos vamos hacia el mismo lugar. Pero… la realidad es que cada uno tiene un modo totalmente distinto de transitarlo, cada persona no solo hace cada paso del sendero de forma única, sino que crea SU propio camino a través de la experiencia, de las vivencias con las otras personas, por la conexión individual con la naturaleza y con su espíritu de forma especial.

El Camino de Santiago no es más que eso, un camino. Un modo de transitar, un modo de vivir, un modo de dejar (¿y recibir?) huellas.

chica caminando por el camino de santiago de compostela
Lu Babini en el Camino de Santiago desde Sarria

Recuerdo ir caminando, y observar. Observar rostros, de forma particular, persona por persona, y pensar ¿Qué estará transitando ese ser en su interior? ¿Qué lo habrá impulsado a estar, hoy, caminando? Me crucé con muchos peregrinos durante el camino, a pesar de haber elegido una fecha poco transitada. Con algunos experimenté conversaciones espontáneas muy profundas, de esas que solo se pueden dar en momentos de tanta conexión con el otro, esas donde las almas hablan desde lo más profundo. Escuché experiencias y enseñanzas de vida, sueños, dolores, heridas, alegrías y promesas… Pero también me escucharon. Y pude sentir que no era casualidad encontrarme con cada uno de ellos en ese andar, en ese caminar, porque cada uno tenía algo para enseñarme, cada uno dejó algo en mí, ya que todas me inspiraron de un modo distinto.

Mis momentos preferidos eran esos en los que me sentía sola entre la naturaleza. Lejos de todo lo que me (y nos) invade día a día. Vivimos en un ritmo tan acelerado, tan agitado, que nos cuesta parar, que nos cuesta frenar y observar lo que hay a nuestro alrededor. Pero el camino te frena y te obliga a parar, porque cuando el cuerpo se cansa, la mente no trabaja. Y solo cuando se silencia tu mente, empiezas a meditar. Y ahí, en esos momentos de silencio total, te escuchás. Es donde fluye tu esencia, tu espíritu latente dentro tuyo. Te sientes tan vivo, y tan amado. Durante este viaje me empape de la belleza de este mundo, de la gran y perfecta creación. Pero también aprendí mucho de mí y de los otros, más de lo que esperaba.

Por último, llegar a Santiago de Compostela me mostró algo muy importante. Porque cuando toca llegar, cuando empiezas a entrar en la ciudad y dejas atrás los bosques, y cuando los senderos de tierra se reemplazan por calles de adoquines, te das cuenta que no quieres que termine, que querés y deseas seguir caminando. Tu cuerpo y tu alma piden más. Porque realmente disfrutaste cada paso, cada encuentro, cada paisaje, y pudiste comprobar que en lo profundo está lo verdadero. Y quieres seguir ese modo de vivir, de transitar la vida. Y es, entonces, ahí cuando te das cuenta que alcanzar la meta no es el fin de nada, sino el principio, el gran comienzo de un viaje sin fin. Porque es una enseñanza y un continuo aprendizaje para toda la vida. Y que este gran sendero, esta travesía que es la vida, siempre te llevará por distintos caminos. Pero lo importante, siempre, es seguir caminando hacia lo verdadero, es continuar ese viaje al interior, que nos llevará al centro, a lo profundo y lo hermoso de encontrarnos.

Lucia Babini, Camino de Santiago – Noviembre 2019

Increíble, ¿verdad? Muchísimas gracias Lu por confiar en mí, inspirarme con este escrito y sumarte a este espacio. Ojalá siempre seamos peregrinas en la vida y sigamos compartiendo con mucha emoción, este viaje interior <3.